lunes, 19 de septiembre de 2011

Las cuatro manzanas de Heredia

Saludos Edú, espero que estés bien...
Encontré este precioso escrito de Manuel de Jesús Jiménez. Es sumamente interesante porque se trata de la fundación de Heredia. Te lo envío para que lo puedan leer todos las amigas y amigos heredianos, que aman la historia de su Ciudad. Sergio Orozco
[[[[[ 0 ]]]]]

LAS CUATRO MANZANAS DE HEREDIA
por Manuel de Jesús Jiménez, tomado de Doña Ana de Cortabarría y otras noticias de antaño, Editorial Costa Rica, 1981.

De Francisco de Zamora no quedan sino vagos recuerdos en el Archivo, datos aislados que apenas sirven para testificar su existencia y para barruntar que su trapiche y su labranza fueron los polos en que giró su vida entera.
Nació en los llanos de Tibás por los años de 1712, y fueron sus padres Antonio Aurelio de Zamora y Francisca de Saborío, según queda consignado en el folio referente a su padre en otra de estas paginas.
Trece años después vino a la vida la colaboradora de su hogar, pues según consta en los registros eclesiásticos, el día 11 de febrero de 1725, don Cayetano de Sandoval y doña Teresa Paniagua llevaron a las fuentes bautismales de Barva una criatura, hija legítima del Capitán Francisco Flores y doña María de la Rosa Paniagua, a quien el Pbro. Juan Antonio de Moya puso por nombre Manuela Antonia y a quien el destino señaló por esposa y compañera de Francisco de Zamora.
Habiendo cumplido Francisco de Zamora en el año 1737 su mayoridad, recibió de Juan José de Zamora los seiscientos pesos de su herencia con los cuales, hecho un Creso, ya no tuvo reparo en pedir al Capitán Flores una de sus hijas por esposa.
En efecto, el año de 1740 contrajo matrimonio con Manuela Antonia Flores, niña entonces de quince años.
El transcurso de dos siglos es más que suficiente para eclipsar la memoria de quien, como Francisco de Zamora, no haya traspasado nunca los linderos de una oscura medianía; por lo cual no debemos extrañar la carencia de noticias relativas a sus servicios de bien público o a sus quehaceres domésticos, que unos y otros han quedado confundidos en el insondable piélago del tiempo.
Milagro es que sobrenade todavía el recuerdo en los anales primitivos de la ciudad de Heredia, con caracteres tan perceptibles que no dudamos en discernirle la honra de haber sido uno de los primeros y más conspicuos fundadores de aquella población.
Era el año de 1762. Ya el soplo fecundo del progreso había despuntado refrescando los ambientes apacibles de Cubujuquí para que pudiera germinar, crecer y fructificar allí la simiente trasplantada de Alvirilla.
Ciento cincuenta familias pobladas en Cubujuquí, sintiéndose con fuerza suficiente para cumplir su próspero destino, le pedían entonces al porvenir que abriese sus arcanos, al tiempo que abreviase su carrera y al Presidente de la Audiencia, don Alonso Fernández de Heredia, que erigiese en villa aquel poblado.
Al Presidente le decían: ved aquí, Señor, nuestro padrón: somos ochocientos padres de familia en todo el valle y más de cien en este sitio; tenemos una iglesia que es un relicario, en donde se veneran varias imágenes de santos y en donde se gastan decentes ornamentos; ved aquí nuestro poblado: son cuatro manzanas con casas entejadas, son amplios arraballes con viviendas pajizas; ved aquí nuestros campos constantemente cultivados, en donde dos molinos y más de cien trapiches, sueltan al aire diariamente sus crujidos y a nosotros el sustento; preguntad por nuestros usos y costumbres y os dirán que somos buenos, puesto que vivimos trabajando y exportamos azúcar y tabaco, dulce y harina; miradnos de hito en hito, y decidnos si no es justa la petición que os hacemos para que elevéis a villa el título de Cubujuquí; que si tal hacéis os ofrecemos adquirir lo que nos falta: fondo de propios y una cárcel, y perpetuar vuestro nombre de Heredia a través de los años y los siglos, de tal suerte, que nadie en este recinto deje nunca de pronunciarlo diariamente.
La petición fue bien acogida en Guatemala. El poblado de Cubujuquí subió un peldaño en jerarquía política y por ello se cambió agradecido el nombre: titulóse Villa y llamóse Heredia.
Francisco de Zamora figuró mucho en el suceso. Ahí está el padrón, que al enumerar los elementos vitales de la villa dice: "don Francisco de Zamora casado con doña Manuela Flores, con cuatro hijos"; allí están las escrituras del año de 1763, otorgadas ante Esteban Ruiz de Mendoza, en las cuales se obligaron los vecinos a dar mil quinientos pesos para fondos de propios y a construir cárcel y casas para el Cabildo, y en esas escrituras aparece la firma de don Francisco de Zamora.
Fue, pues, —y este es su timbre— un viejo fundador de Heredia.