miércoles, 6 de junio de 2012

Comentario oportuno

El Lic. Edgardo Campos, herediano por los cuatro costados, publicó el día de hoy un comentario en el periódico La Nación. Dada su importancia para nuestra provincia, le solicitamos permiso para reproducirlo a lo cual accedió amablemente.
El editor
 
Una trocha para Heredia, aunque sea...
• Heredia es la única provincia del Valle Central que no tiene acceso por radial

Edgardo Campos
Abogado y Notario
Las líneas que siguen no incumben solo a quienes residimos en la Ciudad de las Flores, sino a todas las personas que se trasladan desde Heredia a San José de manera ocasional o habitual. Seguramente si usted es una de ellas comprenderá de qué hablo.
De las cuatro provincias que se ubican en el Valle Central, Heredia es la única que no tiene un acceso por radial o autopista. La desatención en las carreteras que permiten ir hacia el centro de la ciudad herediana o salir de ella, especialmente hacia San José, es pasmosa y sume a pasajeros y conductores en una interminable y acongojante espera para un recorrido que quizás llega a las 10 kilómetros.
Si la decisión es irse a San José por alguna de las “vías nacionales”, tenemos la ruta de Santo Domingo-Tibás, también La Valencia- La Uruca y no se puede descartar ir hasta el cruce del Castella para tomar la General Cañas; cualquiera de ellas está no solo saturada en horas pico, sino que han sido objeto de toda clase de ocurrencias. Es de resaltar que las tres tienen en común un aspecto físico de infranqueables dimensiones: el cuello de botella que significa llegar a los puentes sobre el río Virilla.
De esta forma, si la ruta escogida es Santo Domingo-Tibás, hay que pedirle al Todopoderoso que adelante no circule algún autobús de las rutas cantonales o provinciales; de encontrarse con tan mala fortuna, comprenderá que la cola de vehículos y el lento avance se debe a las incontables y mal diseñadas paradas de autobús.
Uno añora, en momentos tan abrumadores, que a alguien se le ocurra la genialidad de crear islas para que los buses puedan salirse de la calzada y detenerse sin obstruir el paso vehicular hasta con mayor seguridad para los usuarios del transporte público.
Conforme se avanza por San Pablo y Santo Domingo el flujo vehicular se torna más denso y las presas interminables pues los automotores salen desde todo cruce y en todas direcciones. La recta del Cementerio domingueño es quizás una de las más largas en recorrer de todo nuestro país; superada esta, viene la pronunciada cuesta del Virilla y... a cruzar los dedos para que los oficiales de Tránsito cierren por varios minutos el paso vehicular desde Tibás (pobres los que enfrentan tal parada obligatoria) y desahogarse con dos carriles ya en el lado josefino.
Si se escoge la ruta por La Valencia, los problemas comienzan recién se sale del centro de la ciudad: las cercanías del paseo de las Flores se atascan gracias a la falta de sincronización de las luces del semáforo y al paso vehicular proveniente de cantones aledaños. Hay que fijarse bien si el color de las luces que hace reversible el paso automotor hacia y desde la capital está en verde o no; siempre he pensado que tal idea tan solo hace reversible las presas y no facilita la circulación; pero bueno, si hay dos carriles hacia San José habilitados es una suerte y no queda sino desear paciencia a los que vienen en sentido contrario sabiendo que al regreso será nuestro turno.
El cruce de La Valencia es una guerra sin cuartel, todos contra todos, sin respeto a la escasa señalización y tan solo llegar al frente de Jardines del Recuerdo representa una odisea.
Luego vienen los conos y el cruce por el puente para encontrarnos con las famosas estructuras anaranjadas de plástico que confunden más de lo que ayudan, amén de las paradas de buses que nos han acompañado durante el camino. Al fondo espera el semáforo de La Pozuelo que con imperturbable postura juega con nuestra paciencia.
La decisión de circular por el puente de la ‘platina’ no parece ser la más atinada; ahí se confunden heredianos con alajuelenses, en un juego que nadie quiere jugar, sin espaldones, con buses deteniéndose en media autopista y carente de demarcación adecuada.
Los heredianos hemos tratado de aplicar nuestro ingenio a más no poder: utilizamos aquellos rústicos caminos de cafetal que luego fueron medio pavimentados y eso nos dio por algún tiempo una luz de esperanza de evitar las presas por las “vías principales”; se pasaba hasta por un puente de hamaca hace pocos meses y ahora tenemos dos puentes baileys luego del cruce de Santo Tomás que sabemos serán para toda la vida. Pero, conforme aumenta la flota de carros, así afloran los ingeniosos y ya esas rutas de cafetal están suturadas.
Cuando me encuentro ante esta debacle, en medio de tantos y tantos vehículos, humo, madrazos, caras largas, pitazos y los inevitables choques, me pregunto: ¿Por dónde circularán los vehículos de nuestros 5 diputados (as) heredianos, de nuestro vicepresidente también herediano y de otros funcionarios del Gobierno que diariamente van desde o hacia Heredia?
¿Dónde están sus voces, ni siquiera de reclamo, sino de solidaridad con su gente y nuestro medio ambiente circundante?
Al conocer las exorbitantes sumas invertidas en la trocha fronteriza, cuyo nombre ya de por sí resulta ofensivo, me pregunto: ¿No podrán hacernos una trocha para los heredianos, aunque sea solamente eso?