miércoles, 19 de septiembre de 2012

Forjador de las Ciencias Marinas

Don Juan Bertoglia Richards

Freddy Pacheco León
Biólogo

Cuando la Universidad Nacional daba sus primeros pasos, inseguros, tambaleantes, como el bebé que era, llegó de Chile un nuevo compañero que traía su mano dispuesta a guiarnos por un camino seguro. El entonces Departamento de Biología no era más que otra unidad académica esperando ser desarrollada, en la que un pequeño grupo de estudiantes avanzados de biología de la Universidad de Costa Rica, entonces con la dirección del Dr. Rolando Mendoza Hernández, ensayábamos y aprendíamos ¡como construir una Universidad! Para entonces no teníamos claridad sobre lo que el destino nos tenía reservados.
Desde su fundación, la UNA mostraba una especial preocupación por la riqueza natural del país. Consecuencia de ello se creó la Facultad de Ciencias de la Tierra y el Mar, con metas concordantes asu nombre, y la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales que, con el desarrollo de las ciencias básicas complementaría la labor de la facultad hermana.
Sin embargo el tiempo, los escasos recursos financieros y los jóvenes profesores fueron abriendo caminos con el andar cotidiano que poco a poco se fueron separando de lo decretado. Así, las ciencias marinas fueron relegándose y casi olvidándose en “Tierra y Mar”.
Después de brillar como docente, motivador, infatigable trabajador y amigo sincero de todos, don Juan Bertoglia fue escogido director del Departamento de Biología, en una de las mejores decisiones que hoy nos siguen enorgulleciendo a los que estuvimos circunstancialmente en ese momento. Muy pronto resaltó en él su inmensa capacidad como director, su constante producción de ideas, su capacidad de diálogo, su convencer sin imponer. Con la formalización de la inicial carrera de Bachillerato en Biología, nació la Escuela de Ciencias Biológicas, y con ella, la realización de un sueño forjado en esos primeros años, la aprobación del Conare de la carrera de Biología Marina, luego de un pulso intenso con colegas de la UCR que la reclamaban para así. Colaborándole como su subdirector, fuimos testigos de cómo se iban creando, bajo su tutela, las condiciones que finalmente dieron su fruto. Disciplinas como biología pesquera y acuacultura poco a poco fueron adquiriendo la trascendencia que merecían, por lo que Biología Marina pasó a ser una “Prioridad global” en la planificación de la UNA.
 INVERSIONES IMPORTANTES
Al haberse aprobado la Ley Ferreto (primera “Ley de Pesca del Atún”) el financiamiento externo tímidamente fue haciéndose realidad con la captura de atuneros extranjeros que se robaban el atún costarricense. Después de satisfacer algunas de las múltiples necesidades de la incipiente carrera, don Juan nos convenció de reservar en una cuenta especial los dineros que el gobierno giraba por concepto de esa legislación. De esta forma, mientras decidíamos dónde construir una sede “en Puntarenas y sus alrededores”, el monto sabiamente ahorrado fue creciendo poco a poco, hasta que sirvió para sustentar las inversiones más importantes necesarias para construir la Estación de Biología Marina que ahora lleva su digno nombre.
¡Claro que para don Juan lo más importante no era lo material!, y por ello en muy pocos años se logró conformar un cuerpo académico capaz de atender con calidad, a los estudiantes que aceptaron ser parte de lo que entonces solo parecía ser una utopía. Con recursos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se construyeron los edificios de las facultades de ciencias, prestándosele especial atención a las ciencias marinas; se contrataron profesores de Francia, Alemania, EUA, Argentina; se otorgaron becas de posgrado; se siguió avanzando en la siempre dinámica área de las ciencias marinas.
Por lo resumido, aunque Dios lo llamó a su lado hace un año, su legado perdurará por muchos años más.
ASÍ publicado el martes 18 de setiembre del 2012 en Página Abierta, diario Extra.
http://www.diarioextra.com/2012/setiembre/18/opinion16.php