martes, 8 de enero de 2013

Comentando


Asalto a la inocencia

Prof. Daniel Hernández
Los acontecimientos político electorales a inicios del 2013 no pueden pasar desapercibidos del análisis y la crítica de todos los sectores sociales que observan cómo las decisiones electorales se gestan en reuniones de amigos y no en comicios electorales como lo demanda la Constitución Política de nuestro país. 
Un golpe de estado tempranero sin duda. Sin haber empezado un periodo electoral, ya se habla del virtual presidente de la República con una fuerza mediática imparable. Y es que las señales abundan: Una larga campaña política de desgaste para llegar en nada; adversarios o seudo adversarios (títeres) que se repliegan ante encuestas dudosa y que abren las puertas del canje político; una oposición minimizada por no decir invisible, la cual no puede reunir un contendor real que haga contrapesos al virtual ganador de una elecciones que aún no llega; una ley mordaza en el aire que amotina silencios de rutinas cansadas.
En suma, el acto de votar se convirtió es mero formalismo, pues de fondo ya algunos compraron sus sillas en primera clase donde ya no importa la ideología de partido ni las prioridades nacionales. 
La clase dominante tiene bien claro que la des estructuración de las instituciones político-electorales es la antesala a la des legitimación del Estado y con ello a la supresión del ejercicio de la soberanía del pueblo. Un golpe de estado ya no se ejecuta contra la figura de un presidente, sino bajo el saboteo de las instituciones democráticas que hacen efectivas las garantías colectivas e individuales. 
Esta claro que lo que se tiene en juego es la perpetuidad de las oligarquías en el domino del poder político; la amenaza del socialismo del siglo XIX ha hecho de Costa Rica una dictadura democrática desde ya hace varios años; pero el problema se agrava cuando entre las mismas élites locales se reparten el pastel de los intereses nacionales sin importar el respeto que se debe a los Poderes de la República.
La clase política en Costa Rica se está dando el lujo de interrumpir un proceso electoral democrático a vista y paciencia de todos los costarricenses, aprovechándose de la anomia y la indiferencia política de las mayorías y que ellos mismos han construido como sigilosa astucia durante años. Asalto a la inocencia. 
Es preocupante que nuestra sociedad costarricense y principalmente los jóvenes permanezcan prácticamente inmóviles ante el irrespeto a las instituciones políticos-electorales por parte de cierta camarilla política anquilosada en el poder. La invisibilización del pensamiento y el embrutecimiento de otro tanto son las armas directas a las nuevas generaciones donde renace el potencial del cambio. 
Disculpen no toda la juventud está divorciada de lo político, ya aparecen los hijos de los de siempre (aquellos candidateables dentro de 15 o 20 años ) escribiendo en los periódicos de circulación nacional sobre su "nuevo proyecto ideológico" con las mismas recetas anacrónicas y nefastas que sólo buscan perpetuar sus intereses familiares.
¿Dónde están aquellos grupos civilistas organizados que hasta hace pocos años subsistían bajo la defensa de lo público y aniquilados en un referendo fraudulento? ¿Dónde están sus líderes? ¿Tan poco les duró el patriotismo o era simple interés protagónico de novela?
Por algo será que la clase dominante se le ocurrió de nuevo un referendo para disolver de una vez por todas su incómoda relación con la C.C.S.S.
Lo que importa ahora es comenzar a hacer patria, a unir fuerzas, no inscribir 14 partidos políticos más ante el T.S.E con la esperanza de ahorrar unos pesos más. y ¿Cómo empezamos? Leyendo más, pensando más, estudiando más, escribiendo más integrándose a la participación comunal, reclamando más pero sobre todo tener menos temor, pues es de ello que la clase dominante siempre se ha alimentado y se seguirá aprovechando. 
El cerco está completo, dudosamente en menos de seis meses aparezca un liderazgo que destrone la osadía y la irreverencia, sin embargo es buen tiempo para sembrar y para creer que la historia aun no está escrita, que la escribimos todos y todos lucharemos porque así sea.