martes, 26 de abril de 2011

Al Héroe Nacional Coronel Nicolás Aguilar Murillo

A propósito de la charla de la licenciada Vilma Alfaro Aguilar, saco del archivo de soloheredia, este interesante artículo que destaca la acción de este héroe barveño, escrito por el presidente de la Asociación de historia de Heredia y publicado en octubre del 2010.

Un héroe entre los héroes de
las batallas del San Juan

Erick F. Bogarín Benavides
Presidente de la Asociación de Historia de Heredia

Para don Alberto Cañas 80 años no es nada, pero para los que hemos tenido el gusto de leer esta obra es una rica suma de vivencias y experiencias que llaman a la reflexión de las diferentes facetas de su existencia, que han estado íntimamente ligadas a la vida artística y política.
No obstante existe un detalle en su libro que no puedo dejar pasar por alto. En el capítulo 27, haciendo alusión al episodio del retrato de
Federico Tinoco, expresa don Alberto: “Y es que el héroe, el triunfador del San Juan, fue traidor, y Costa Rica no lo perdona. Lo borró. Con los héroes de Santa Rosa (José Joaquín Mora) y de Rivas (Juan Santamaría y José María Cañas), hemos tenido suficiente”. No cabe la menor duda que don José Joaquín Mora, José María Cañas, Juan Santamaría y, por supuesto, don Juan Rafael Mora Porras son próceres de la patria.
Pero el mal entendido que se genera de la lectura de la cita anterior es que, creo, se coloca solamente en el acto heroico del San Juan al mayor Máximo Blanco, lo cual no es cierto. Hay un nombre, un hombre, que no se puede borrar de la historia patria, pues fue esta misma la que le reconoció su heroísmo. Me refiero al sargento Nicolás Aguilar Murillo, herediano oriundo de Barva, el principal héroe entre los héroes de las batallas del San Juan.

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En la trinchera. Concretamente, su acto de patriotismo sucedió en la Batalla de Trinidad del 22 de diciembre de 1856. Don Miguel Ángel Solera Rodríguez describe la acción en un artículo publicado en La Nación del 22 de diciembre de 1956, en la página 24, que fue compilado por Elías Zeledón Cartín en su reciente libro Crónicas de la Guerra Nacional 1856—1857: Nicolás Aguilar saltó la trinchera enemiga, “…dando muerte al centinela del cañón y adueñándose de tan importante pieza de artillería. Entabló, luego, singular y reñido combate con el entonces cabo Mr. Thompson, dejándole gravemente herido”. Lo anterior le valió para que el Congreso de la República, el 14 de julio de 1892, le confiriera el grado de coronel del Ejército Nacional y lo condecorara con una medalla de oro con la leyenda: “A Nicolás Aguilar y Murillo. La Patria agradecida por su heroísmo. República de Costa Rica. Campaña Nacional de 1856-1857”.
De manos de uno de sus bisnietos, el señor Marco Aurelio Rodríguez Zárate, recibí una copia del himno a don Nicolás, cuya música fue compuesta por Juan R. Alfaro y la letra por don Luis Rafael Flores, que lamentablemente en la edición de 1970 deLo que se canta en Costa Rica, no viene incorporado.
Ejemplos de amor. Creo con todo el respeto que merece don Alberto Cañas, así como otras personas e instituciones gubernamentales, especialmente de índole cultural, que la memoria de quienes ofrendaron su vida o tuvieron la bendición de Dios de seguir existiendo después de tan cruenta guerra no se pueden dejar en la anonimia del tiempo. Ellas y ellos son ejemplo de virtudes, especialmente el amor por sus hermanos y su patria, que al final son uno.
El error de Máximo Blanco en lo referente al magnicidio de Juan Rafael Mora en nada se relaciona con la gesta heroica de don Nicolás Aguilar Murillo que, por el contrario, debe realzarse como ejemplo, no de la acción bélica a la que lamentablemente fue arrastrado el pueblo costarricense, como la última opción que tuvo que tomar dolorosamente pero con firmeza don Juan Rafael Mora, sino el amor a la patria que se ejerce cada día con nuestras obras, con nuestro existir en aras del bienestar común.
Concluyo este sencillo homenaje a Nicolás Aguilar con la última estrofa de su himno: “Salvada Costa Rica, a paso de patriotas, de audaces vencedores, regresa tu legión. Con tus sandalias rotas, trajiste enardecido, el alma de la Patria, gloriosa en su pendón”.