lunes, 1 de octubre de 2012

Adultos mayores: un baluarte social

Carlos Díaz Chavarría
Escritor – profesor universitario
– Comentarista de Panorama
amacali29@yahoo.com

A mis amadas abuelitas, Nelly Brenes y Violeta Brenes,
quienes iluminaron mi niñez y adolescencia
de sueños y cariño, y hoy, desde el cielo,
continúan abrazando mi alma y
regalándome sus sonrisas.

Hoy, debido al avance de la tecnología y las ciencias de la salud, la expectativa de vida ha aumentado notoriamente, de manera que la vejez ya no es necesariamente sinónimo de enfermedad, achaques, inutilidad, falta de productividad o cansancio; sino una etapa productiva del ciclo vital de los humanos.
En este sentido las investigaciones psicológicas han demostrado que el adulto mayor tiene un pensamiento complejo, en el cual se integran la capacidad de razonamiento lógico con el bagaje de experiencias que ha acumulado durante su existencia, esto le facilita enfrentar y analizar situaciones problemáticas personales, como las de quienes le rodean, con mayor objetividad y certeza. Por lo tanto, muchos de los adultos mayores representan, en nuestros
días, un baluarte social pues son los consejeros sabios quienes orientan a la juventud y siguen contribuyendo al desarrollo de la humanidad.
Pese a esto, y a que las personas adultas mayores cuentan con varias herramientas jurídicas para defender sus derechos, todavía sigue existiendo una patente discriminación hacia este sector de la sociedad. Ya sea por indiferencia, desconocimiento, falta de solidaridad o por una sociedad que apuesta más al vigor juvenil, lo cierto es que muchos de los derechos de los adultos mayores como la educación, cultura, servicios de salud, seguridad, autonomía, participación, vivienda, desarrollo, trabajo, equidad, protección o dignidad, siguen siendo violentados.
De ahí la necesidad de aplicar acciones a fin de que los adultos mayores, espiritual y físicamente, disfruten de manera plena, segura, libre y satisfactoria de sus años avanzados en paz, salud y seguridad como parte integrante y vital de la sociedad.
Por lo tanto, no basta que 1º de octubre celebremos el Día del Adulto Mayor; no es suficiente que cada octubre se celebre el Mes de los Ciudadanos de Oro; no bastan leyes, tampoco ha sido suficiente que, desde 1982, la Asamblea de la Organización de Naciones Unidas haya dedicado sus esfuerzos a potenciar la validez de los adultos mayores.
Lo que se necesita es una toma de conciencia real con miras a lograr la plena realización del potencial de las personas de edad y a mitigar, mediante medidas apropiadas, cualquier obstáculo que impida que los derechos fundamentales e inalienables consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos no se apliquen plena e íntegramente a los adultos mayores.
Reconocerle al adulto mayor su importancia social activa y presencial, buscar que el anciano se valore como un individuo quien posee un cúmulo preciado de experiencia la cual puede trasmitir a los más jóvenes en el interactuar diario, y seguir dándole la oportunidad de continuar siendo parte del sistema productivo en actividades que le permitan sentirse útil, son tareas que no se pueden postergar más. ¿Además se podría inferir que a quienes aún somos jóvenes nos gustaría que nos trataran dignamente si la vida nos permite llegar a ser adultos mayores?
Por eso, si contamos con la presencia de un adulto mayor en nuestra familia, nuestro vecindario, si usted es un adulto mayor, o, simplemente, queremos ser una persona de sólidos principios humanistas, aprovechemos y valoremos la capacidad de ingenio, experiencia, eficiencia y libertad de nuestros adultos mayores. Tal y como lo expresaba el reconocido cineasta sueco Ingmar Bergman: “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”.