martes, 2 de septiembre de 2014

Enérgica protesta contra LA NACIÓN

Este es el texto de la protesta que en dos ocasiones envié al periódico La Nación hace más de un mes, sin que hasta la fecha se hayan dignado brindarme la sencilla explicación que les solicité.
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El martes 22 del pasado mes de julio visité la agencia de La Nación en Heredia para contratar la publicación de una esquela. Luego de entregar el texto, escoger el tamaño y conocer el costo, procedí a pagar usando mi tarjeta de débito VISA del Banco de Costa Rica y, por supuesto, mostré mi cédula de identidad. 
Ambos documentos absolutamente vigentes y, además, mi tarjeta con fondos suficientes para efectuar el pago que pretendía hacer en aquel momento.
La señorita que me atendía se entretuvo largo tiempo haciendo consultas a su computadora y por teléfono a las oficinas centrales del periódico. Finalmente me comunicó que no podría hacer la transacción porque mi nombre, mi número de cédula o de tarjeta, o sepa Dios qué, no aparecía en el registro, sin que yo sepa a qué registro se refería. Manifiesto que no entendí en aquel momento –y aún hoy no lo entiendo, en qué consistió el impedimento, porque una operación tan simple como pagar en buena lid un servicio que estaba comprándole al periódico, con una tarjeta vigente y con fondos suficientes y mostrando una cédula también vigente no tenía por qué ser rechazada. La única consulta que debía hacer la persona que me atendía era al banco emisor de mi tarjeta – como es usual -, para confirmar que tenía fondos. Afortunadamente estaba acompañado por un hermano a quien sí le aceptaron su tarjeta y se pudo hacer el trato, tras otro largo rato de consultas.
Protesto enérgicamente por el trato que inexplicablemente o absurdamente explicado se me dio. He sido suscriptor de La Nación por muchos años y por ningún concepto le debo nada a esa empresa.
Desde luego que ante tal situación le solicité a la empleada que me atendía que tomara nota de mi retiro como suscriptor y rompí y entregué los pedazos de mi tarjeta de miembro del Club La Nación.
No pretendo ni que esto se publique, ni que se me brinde una disculpa. Lo único que pretendo es una explicación convincente, como corresponde a la más elemental cortesía y ética comercial.

Roberto Cambronero Vindas
Cédula 4 – 076 - 225